23/10/08

¨KIM¨ MONZÓ CON RABO


Poco podía yo imaginar que el interés que durante años sentí por las historietas de Álvarez Rabo --y que, por desconocimiento, poca gente a mi alrededor compartía-- me obligaría hoy a sentarme ante el ordenador y escribir estas líneas muy a mi pesar. De Rabo me gustaba su descaro, su falta de límites políticos y sexuales, su menosprecio por el trazo bien acabado, su aversión a Maitena... Un tipo cuyo máximo objetivo declarado como profesional es idear y dibujar las historietas en el mínimo tiempo posible no puede ser una mala persona, pensaba entonces. Poco sabía yo lo pesado que llega a ser. Si hubiese sabido hasta que punto puede llegar a ser cargante me hubiese cuidado muy mucho de convertirme en un profeta del Rabo y recomendar sus historietas a amigos y conocidos. De hecho, el error, ya de entrada, es tener amigos e incluso conocidos, pues así como uno sabe muy bien que donde mejor se está es en casa y, por lo tanto, puede gustarte el tal Rabo de los cojones sin que ello acarree consecuencias inesperadas, resulta que los amigos y conocidos --gente treintañera y cuarentona aún dada a las actividades sociales-- gustan de asistir a festivales de cómics y abrevaderos similares, en un de los cuales inevitablemente un día se produjo un encuentro, un encuentro terrible que llega hasta este prólogo y que se inició con una conversación: “¿Tú eres Álvarez Rabo? Hostia, Monzó se pirra por tus historietas. Dice que son buenísimas”. Aseveración ante la que el alabado abrió unos ojos como bombillas y preguntó: “Ah, ¿tú conoces a Monzó?”. Ese fue el detonante fatídico, y no pasaron muchos días sin que mi correo electrónico empezase a verse inundado de mensajes del interfecto, escritos en un lenguaje que él debe creer entre enrollado y con desparpajo, y con las proposiciones más peregrinas, muchas de las cuales afortunadamente ya no recuerdo, ni pienso dedicar un solo minuto a recordar. De una de las pocas que recuerdo --ir a tomar copas o ir a cenar cuando viene a Barcelona-- hasta el presente he conseguido escabullirme sin problemas.

Escribe mi nombre Kim, para hacer la broma de que me confunde con Kim Basinger. Es así de ocurrente y de arrebatador. Qué equivocado estaba cuando sólo leía sus historietas.

QUIM MONZÓ

2 comentarios:

Té la mà Maria - Reus dijo...

Y una gran mierda el Monzó conoce a Alvarez Rabo, que se ha creido el intelecto

Pínchez dijo...

Jajajaja
Éstas cosas pasan por declarar públicamente su amor incondicional hacia "el País Semanal".
Mejor hubiese sido esperar a que le suplicase que ilustrara sus escritos en el otro dominical menos minoritario.
Excelente libro, de todas formas. Incluido el prólogo.