EL FERRAN ADRIÀ CON RABO
Poco podía yo imaginar que el interés que durante años sentí por las historietas de Álvarez Rabo --y que, por desconocimiento, poca gente a mi alrededor compartía-- me obligaría hoy a sentarme ante el ordenador y escribir estas líneas muy a mi pesar. De Rabo me gustaba su descaro, su falta de límites políticos y sexuales, su menosprecio por el trazo bien acabado, su aversión a Maitena... Un tipo cuyo máximo objetivo declarado como profesional es idear y dibujar las historietas en el mínimo tiempo posible no puede ser una mala persona, pensaba entonces. Poco sabía yo lo pesado que llega a ser. Si hubiese sabido hasta que punto puede llegar a ser cargante me hubiese cuidado muy mucho de convertirme en un profeta del Rabo y recomendar sus historietas a amigos y conocidos. De hecho, el error, ya de entrada, es tener amigos e incluso conocidos, pues así como uno sabe muy bien que donde mejor se está es en casa y, por lo tanto, puede gustarte el tal Rabo de los cojones sin que ello acarree consecuencias inesperadas, resulta que los amigos y conocidos --gente treintañera y cuarentona aún dada a las actividades sociales-- gustan de asistir a festivales de cómics y abrevaderos similares, en un de los cuales inevitablemente un día se produjo un encuentro, un encuentro terrible que llega hasta este prólogo y que se inició con una conversación: “¿Tú eres Álvarez Rabo? Hostia, Monzó se pirra por tus historietas. Dice que son buenísimas”. Aseveración ante la que el alabado abrió unos ojos como bombillas y preguntó: “Ah, ¿tú conoces a Monzó?”. Ese fue el detonante fatídico, y no pasaron muchos días sin que mi correo electrónico empezase a verse inundado de mensajes del interfecto, escritos en un lenguaje que él debe creer entre enrollado y con desparpajo, y con las proposiciones más peregrinas, muchas de las cuales afortunadamente ya no recuerdo, ni pienso dedicar un solo minuto a recordar. De una de las pocas que recuerdo --ir a tomar copas o ir a cenar cuando viene a Barcelona-- hasta el presente he conseguido escabullirme sin problemas.
Escribe mi nombre Kim, para hacer la broma de que me confunde con Kim Basinger. Es así de ocurrente y de arrebatador. Qué equivocado estaba cuando sólo leía sus historietas.
QUIM MONZÓ
Todavía recuerdo el día que conocí a Alvarez Rabo. Había leído prácticamente toda su impagable obra y la verdad, la mente es traicionera. Imaginaba un tipo con mal olor, alitósico perdido, hosco y reacio a estrechar la mano de un tipo normal como yo, que pudiera representar a sus ojos desconfiados y esquivos, el vulgar populacho.
¡Me equivoqué!
Adieu et à Bientôt (como dijo Jane Birkin a Serge Gainsbourg antes de fenecer)
Extracto del prólogo del álbum ¨LA METAMORFOSIS DE ALVAREZ RABO¨ (2.003)
Martín Berasategui. Restaurante Berasategui.
Lasarte. Gipuzkoa. Tres estrellas Michelín.
Alvarez Rabo me ha entrado si quieren que les sea sincero por el ojo bueno, a pesar de que por los dos veo excelentemente.
Estaba yo en mi flamante cocina y entró una comanda que por si el lector no lo sabe es el papelote que el jefe de sala entrega en la cocina a petición del cliente. Asombrado me dice que va a descorchar por primera vez en su vida un Montrachet y una Romanée-Conti para ¡dos! clientes. Y que un sujeto en playeras bambas y con camisa de flores de Cacharel dice que “Martín sirva lo que le venga en gana, que sólo estamos para dos días en este mundo cruel”.
- Pagas tú, que pringao…
Extracto del prólogo del álbum ¨LA METAMORFOSIS DE ALVAREZ RABO¨ (2.003)


Alvarez Rabo es, antes que un extraordinario dibujante y un magnífico guionista, un impresentable vendedor de alfombras. Intentó venderme una en Arco, alegando que yo era millonario. Majete chaval pero un poco demasiado insistente. Prefiero sus cómics que cuando va de artista. Mayormente, gran persona humana.
Director de cine vasco-español.
Desde luego parece un atrevimiento por mi parte aceptar una sugerencia tan apetitosa y al mismo tiempo excesiva y compleja como es la de hacer de introito laico de unas tiras cómicas tan singulares como la de un dibujante que, independiente del gusto de cada uno, lo que hace es sin duda no dejar indiferente a nadie: Alvarez Rabo. Incisivo, provocador, iconoclasta y a la vez lúcido, agudo, sugerente. No deja títere con cabeza, se mete con "todo dios" pero al mismo tiempo tiene el arte suficiente en sus dibujos y una mordiente reflexiva de sus vulgares (vulgar como expresión de lenguaje llano) textos que casi siempre hieren pero nunca matan. (...)
JUAN MARI ARZAK
Extracto del prólogo del álbum ¨LA METAMORFOSIS DE ALVAREZ RABO¨ (2.003)
Yo no sé si Alvarez Rabo es un dependiente que escribe, un dibujante que pinta o un escritor que dibuja, pero sé que todo lo hace con entusiasmo, entrega y prontitud.
Por eso –como las personas mayores creen que hablan los chicos de ahora- ¨Rabo es un tío legal.¨
Director de Cine Español.
ALVAREZ RABO nació hace años, y el mismo día en que se desarrolla la novela ¨Ulises¨ de James Joyce, en Monforte de Lemos (Lugo.) Sus padres emigraron a Bilbao cuando él era tan sólo un niño. Estudió en un colegio del OPUS donde fue objeto de tocamientos. De jovencito luchó por la libertad de todos, perdiendo en seguida su propia libertad. Cuando la recuperó logró entrar a trabajar en la sección de deportes, caza y pesca de unos Grandes Almacenes donde aún continúa (tiene que ocultarnos su rostro para no poner en peligro su puesto de trabajo.) Esta casado con una mujer que tiene más carácter que Jantipa (la esposa de Sócrates) y tiene dos hijos, Yhedra y Jhónatan, a los que adora. Su hobby preferido es leer El País Semanal todas las semanas y que se la chupen de vez en cuando (todas las semanas es muy difícil.)